Saskatchewan: no lo piensas… hasta que te encuentras solo en el mundo
Introducción
Te lo digo como lo viví: un viaje invernal en Saskatchewan no es lo primero que se te viene a la cabeza cuando quieres ir “al Norte”. Piensas en otras provincias, otras imágenes. Saskatchewan suele quedar en un punto ciego.
Y justamente por eso es única.
Porque una vez allí—sobre todo en el norte de Saskatchewan—entiendes rápido algo: aquí hay espacio. No “sitio”. Espacio. Un espacio que se traga el ruido del mundo y te hace respirar distinto.
En GGO (Great Grey Outfitters), una de las pourvoiries asociadas al grupo MITIK, estuve en el terreno con mi gorro de foto/vídeo. Viví este viaje como una película: escena tras escena, manos en el frío y el corazón encendido. No “programa perfecto”. Terreno real.
El lodge: una base cálida, en el lugar correcto
Antes de salir a jugar afuera, tenemos una base sólida: el lodge. Cómodo, acogedor, con una docena de habitaciones y un espacio de comedor, bar y salón con chimenea donde la noche se alarga sin darte cuenta.
Mención especial a Chris, nuestro chef. Chris no cocina solo “para alimentar”. Cocina para marcar. Dentro o fuera, tranquilo, concentrado, cuidando su horno exterior como si fuera un ritual. Y cuando sale el brisket… no es solo carne: es el olor, el calor en la cara y esa sensación de estar exactamente donde debes estar.
Claude Juteau: el artífice, el corazón del lugar
Antes incluso de hablar de actividades, tengo que hablar de Claude Juteau.
Claude es el motor de la pourvoirie. El que toca todo, conoce el lugar, cuida los detalles y anticipa lo que viene. Se nota su profesionalismo: todo es organizado y sólido, pero también humano.
Y está profundamente ligado a la comunidad. No sientes que estás en un “decorado”. Sientes que te reciben en un lugar real.
Detrás de todo, está el territorio: enorme (alrededor de 800.000 acres), mitad privado y mitad tierras de la Corona, cerca de un parque provincial. En resumen: estás lejos… y luego vuelves a calentarte como se debe.
Motonieve en Saskatchewan: 10.000 km de senderos y la sensación de ser pequeño
No imaginaba que Saskatchewan tuviera más de 10.000 km de rutas de motonieve.
Desde la pourvoirie de Claude, estamos conectados directamente a la red: rutas bien señalizadas, claras. Días completos sobre pista y, según condiciones, algo de fuera de pista, con la impresión de no pasar dos veces por el mismo sitio.
Lo que me marcó no fueron “los paisajes”. Fue la sensación de inmensidad.
Tuve la suerte de ir justo después de buenas nevadas: nieve polvo fresca, todo nuevo. Nos emocionamos en motonieve—es difícil no hacerlo—y también vivimos esos momentos donde apagas el motor y te das cuenta de lo enorme que puede ser el silencio.
Otro detalle genial: en la red hay refugios cada 30–40 km. Parar, calentarte, encender fuego, respirar, y seguir. Te permite ir lejos y por mucho tiempo, incluso cuando sientes que estás al fin del mundo.
Rumbo al lago: pescar… y dormir allí
Tras unas horas llegamos a un gran lago donde íbamos a pescar y pasar la noche. No un lago “turístico”. Un lago del Norte: grande, tranquilo, frío. De esos que se ganan.
Aquí se pesca sobre todo lucio y lucioperca. Y ese día la lucioperca decidió colaborar.
Pesca en hielo en Saskatchewan: montar el refugio, hacer los agujeros, vivirlo de verdad
La pesca en hielo no la vivimos en modo “llegas y está listo”. Para nada.
Elegimos el lugar y montamos el refugio nosotros mismos: viento, logística, crear un pequeño espacio en el gran vacío.
Luego: los agujeros. Perforar el hielo es como abrir una puerta: cruje, resiste (casi un metro en nuestro caso) y al final cede. Instalamos el sonar y bajamos las líneas.
Alternamos entre el refugio, el exterior y el fuego. Y en algún momento… pica.
Y ahí el momento estrella: lucioperca fresca cocinada al fuego. Sin exagerar: es espectacular. Un plato simple que sabe mil veces mejor porque te lo ganaste, y porque alrededor solo hay frío, silencio y el calor de las llamas.
Noche sobre el lago: el mismo techo para pescar… y dormir
Para la noche fuimos a lo simple y eficaz: camas plegables dentro del refugio‑tienda. De día es nuestro punto de pesca. De noche, dormitorio. Mismo techo, otra atmósfera.
Claude me dijo que, cuando son más, montan dos tiendas completas para tener más espacio. Esta vez, una sola fue perfecta.
Dormir ahí, sobre el lago, es especial. Con la calefacción estás bien, escuchas el viento afuera y sabes que lo esencial está ahí: la lona, el silencio y el Norte vigilando.
Trampeo: aprender el territorio con Kevin y comprender a los depredadores
Ya conocía a Claude, pero en este viaje también conocí a Kevin, guía y trampero. Viene de Québec, se instaló en Saskatchewan y trabaja en la pourvoirie desde hace 12 años.
Kevin es un hombre de terreno: observa, interpreta, lee el bosque. Se encarga, entre otras cosas, de la gestión de depredadores, no por “show”, sino para mantener el equilibrio y proteger las poblaciones de ciervos.
Porque aquí hay depredadores: lobo, lince, coyote, glotón.
Salí con él al terreno. Caminamos, observamos, hablamos. Me mostró su manera de elegir zonas, leer huellas y comportamientos, los tipos de lazos y trampas, y sobre todo la lógica del emplazamiento: nada se deja al azar.
Sinceramente, aprendí muchísimo. No solo técnica, también la realidad de un territorio vivo donde todo está conectado: estaciones, presas, depredadores, movimientos y presiones.
Lo que me llevo
Sí, me traje imágenes. Clips. Texturas. Hielo. Fuego. Lucioperca. La tienda. Huellas. Motonieve en polvo.
Pero sobre todo me llevo una convicción: Saskatchewan en invierno no es lo primero que se te ocurre. Pero si buscas desconectar de verdad, aprender, vivir afuera y respirar grande… es un secreto sólido.
Un lugar donde te sientes solo en el mundo, en el buen sentido. Y eso es raro.
La lucioperca al fuego, la tienda, la nieve polvo, el silencio…
No se olvida.
Te acompaña.









